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El Voyage - Un cuento de Canela

Henri de Toulouse-Lautrec, La Buveuse (La bebedora)
Retrato de Suzane Valadon, 1889
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El Voyage
Comme un lampo di vita...

René Duperé

Observó los rostros distorsionados por el alcohol, y pensó que aquellos hombres, quizá, serían los únicos que en realidad podrían escucharla. Pensó que su trabajo con la compañía de ópera, en el cual había invertido tanto tiempo y constancia, no era otra cosa que el entretenimiento para algunos que percibían en su canto cierto aire de sofisticación. Eso no era lo suyo, su vida necesitaba un leve roce de abismo, una danza entre los opuestos.
El Voyage era propiedad de madame Monique, elegante matrona que fumaba unos largos cigarrillos de grácil envoltura, y festejaba a todo aquel que tenía la fortuna de compartir con ella.
—¿Un café?
Non j´aime le vin.
—Écoutez:
Mon enfant, ma soeur
Songe á la douceur
D´aller la—bas vivre ensemble!
Aimer á loisir
Aimer et mourir!
Al sentir el poema hiriendo los labios de madame Monique, y la expresión cansada de la mesera, Antonia entendió por qué aquella vida podría parecer náufraga. Al igual que ella madame Monique había estudiado en el Conservatorio de Lyon y, habiéndose convertido en una virtuosa del violonchelo, un día abandonó la academia, y envenenada por Baudelaire, pobló de música endemoniada a su chelo que ahora solamente sonaba bajo el estandarte del poeta. La mesera que ya conocía aquellos versos de memoria, le sirvió un merlot y se retiró. La gente en el Voyage, celebraba.
Antonia era soprano en una compañía de ópera desde su regreso al país, hacía diecisiete años. La música ya no era espejismo: le había mirado a los ojos y la había azotado contra el muro. Su voz, cada vez más vieja y usada, amenazaba con convertirse en tragedia.
Bonne nuit, Antonie.
—Bonne nuit, Monique.
—El vino sabe mejor con sangre, ¡le vin du solitaire!
Antonia recibió la copa que le alargaba su amiga, y se sentó. Pensó en Frank y su cobarde vida. Pensó en las cuentas que tendría que pagar. Madame Monique había continuado hablando y sus palabras se perdían con el humo de su cigarro.
Frank... Frank... pensó en el día en que lo vio por primera vez. Recordó sus ojos azules pero no pudo recordar su rostro. Escuchó su voz, aquella que incansablemente repetía su nombre... Antonia, dijo él, y su voz fue un vago recuerdo...
—Antonia, ¿me escuchas?
—Sí, te escucho.
—Mañana, a las ocho. Sé puntual.
—Cantas y después tenemos l´invitation au voyage.
Antonia no supo del todo de qué le estaba hablando madame Monique.
Mientras caminaba de regreso a su casa escuchó voces infantiles que, a lo lejos, repetían una canción de guerra. Las calles le parecieron angostas, el aire enrarecido conjuró la noche y en su mente una mariposa fue devorada por un animal mitad hombre, mitad pájaro. Al llegar, sintió alivio y rabia. Pensó en que no había comprado comida. Recordó (trató de recordar) la invitación madame Monique... l´invitation au voyage. Sonrió.
—Frank, Frank, ¿dónde estás?, ah... ahí estás, ¿qué tal tu día? ¿Por qué no me  respondes? Se me olvidaba que para tus ojos perdidos siempre existe algo más importante... Antes todo era tan distinto. ¿Tienes hambre? ¿Por qué tanto desorden? ¿Estabas esperando a que llegara? ¡Respóndeme, déjame ver tu rostro! Está bien no peleemos, más tarde me encargaré de todo. Sabes, voy a cambiar de trabajo, mandaré a la mierda a la compañía ¡voy a cantar en un burdel!, empiezo mañana.
Entró al baño y se miró al espejo. Estaba vieja y enferma. Ya era tarde para llorar: 46 años, canas, acetaminofén, valium, insomnio, melancolía, miedo. Sobre todo eso: miedo y frustración. El viento helado de la noche le trajo una melodía... Now that the time has come y quien cantaba era una mujer, quizá llena de sueños como ella hace tantos años... Soon gone is the day... There upon some distant shore... You´ll hear me say... su voz era de cristal, muy fina, como la de una maga joven y loca... Long as the day in the summer time deep as the wine—dark sea. Al fondo del espejo una mujer lloró.
Fue al estudio, se sentó al piano y dejó que sus dedos buscaran la música que iría a acompañarla la noche siguiente en el Voyage. Pensó en Lyon, en la sonrisa de madame Monique en aquellos felices años. En definitiva esos eran otros tiempos. De su piano salieron acordes disonantes y las horas se desdibujaron, lentas. Como el vino oscuro es el mar, dijo, recordando la canción, y su voz fue un ave fénix en el cielo pálido de otro amanecer.
—¿Frank? ¿Estás ahí? ¿Todavía estás despierto? Es tan difícil comunicarse contigo, nunca me respondes. ¿Lo disfrutas? Pase toda la noche sin ti. ¿Lo disfrutas?

Llegó a las ocho menos cuarto. En el  escenario del Voyage madame Monique, ofrendaba a los asiduos con su chelo, silenciándolo momentáneamente para cantar, en un francés envidiable, Obsession uno de los poemas de su bardo amado... ¡Car je cherche le vide, et le noir, et le nu!, la voz de la madame fue apenas una sombra en el recuerdo que Antonia conservaba de ella. Sólo un fantasma en su último y definitivo viaje hacia el fondo de la noche, perfecto lugar del vino...
A la hora convenida Antonia cantó. Su voz atravesó el claroscuro del Voyage imponiendo silencio en los asistentes. Su voz fue abismo, desgarramiento. Cada nota hizo parte de un laberinto en donde una bestia gimió acosada por el deseo. Antonia cantó entregada por completo a aquella noche. Cantó y no pensó en Frank, no esta vez. Nunca más volvería a pensar en Frank.
—¿Cómo te sentiste?
—Bien, Monique, bien.
—¿Sabes lo que provocas con tu canto?
—No. No sé... ¿ puedo irme?
—¿Irte?
—Si, estoy cansada.
—Nos vamos juntas... ¿recuerdas... l´invitation au voyage?
L´invitation au voyage.
—Oui.
Por mandato de madame Monique, la mesera de expresión cansada y poco afecta a Baudelaire, les sirvió una botella de merlot cosecha especial. Bebieron, hablaron de Lyon, de la música y sus antiguos anhelos, hablaron del tiempo, ese usurpador, y madame Monique preguntó:
—Antonia... ¿aún te acuerdas de Frank?
—...
—Frank, ¿recuerdas?
—No, Monique. Eso fue hace mucho tiempo.
La noche del Voyage se precipitó en busca del alba. La mesera de expresión cansada hacía rato que había despedido a los últimos clientes. Antes de marcharse les dejó sobre la mesa otra botella del merlot especial. Madame Monique sacó de su seno una bolsa de lino y extrajo un frasco. Sirvió dos generosas copas de vino y vertió el contenido fatal de aquel inesperado recipiente en cada bebida. L´invitation au voyage, dijo. L´invitation au voyage, contestó Antonia. Alzaron las copas, brindaron, bebieron y el vino fue en sus cuerpos cansados como un relámpago de vida.
A la mañana siguiente la mesera de expresión cansada recogió el libro de Baudelaire, lo guardó en su bolso, observó, por última vez los cuerpos rígidos sobre la mesa, y llamó a la policía. Y mientras tanto, muy lejos, en una angosta calle de Lyon, la lluvia repitió sobre el pavimento la cifra triste de un nombre olvidado.

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Tomado del libro: "Pisadas en la niebla / Antología de nuevos cuentistas boyacenses". Común Presencia Editores, Bogotá, 2011 Editor: Gonzalo Márquez Cristo.

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CANELA
(Sogamoso, Boyacá, Colombia)

Canela es el seudónimo de Jakelinne Rico. Egresada del Taller de Escritores de la Universidad Central de Bogotá (TEUC). Estudió Literatura en la Universidad Santo Tomás. Cantante, actriz biodramática y narradora oral. Artista en tránsito multidisciplinar. Su obra alterna entre propuestas formales del uso de la palabra y la acción / experimentación escénica y musical.
Con su poema "Cartografía secreta de Sísifo" obtuvo el Premio del Concurso organizado por la Alianza Francesa de Olavarria, centenario de Albert Camus. 
Coordinó el Taller de narración oral Conjuro para liberar la palabra de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Fue directora, así mismo, del Taller de Literatura de esa misma Universidad. Directora del colectivo Zigurat, narración oral escénica. Voz principal de La sombra del fuego, grupo de investigación en música étnica. Hizo parte del Taller de narrativa “R.H. Moreno Durán”, de la red nacional de talleres literarios - RENATA. 
Su trabajo como narradora y actriz ha sido presentado en festivales internacionales en Ecuador, Perú, Chile, Uruguay, Argentina y Colombia.
Actualmente vive en la ciudad de Olavarría, Argentina, en donde continúa con su trabajo artístico y docente: ha sido Coordinadora de la Escuela Municipal de Teatro. Coordinadora del proyecto de investigación “La danza de la cicatriz” (territorios de intercambio entre cuerpo y palabra). Directora de los laboratorios de experimentación teatral, Poetry Slam y Narración oral escénica. Colaboradora en los proyectos narrativos del Jewish Braille Institute y de la Radio Jai Internacional. Cursa el profesorado de la Federación Argentina de Yoga Integral.   

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