"Carroñera" - Acuarela, 2007, Manuel Aguirre Madrigal S e fue aprisa, como si alguien la aguardara con impaciencia o con árbole...

Siete textos de Carroñera y otras ficciones | Burdelianas Poetry

"Carroñera" - Acuarela, 2007, Manuel Aguirre

Madrigal
Se fue aprisa, como si alguien la aguardara con impaciencia o con árboles dorados en las manos; dejó atrás una fotografía, una nota de olvido en un cuaderno, una lámpara todavía encendida y un hombre tirado sobre el lecho, con los ojos abiertos —secos— y los labios sellados por la sorpresa. Quedó él, con un pequeño planeta arrasado entre sus brazos, y un ruego. Solo, triste, pálido, como muerto; con el corazón atrapado en la cárcel del pecho, sin poder ir en su búsqueda.

Final de feria
Cuando la vio vestida de luces, con la muleta ondeante y el estoque dispuesto, sólo en ese instante definitivo dio crédito a las habladurías y reconoció los cuernos en su frente, inútiles apéndices en aquella tarde fatal de sangre sin arena.

Jaque mate
El Rey, entristecido, miró el campo de la batalla, revisó su estrategia y con pesar tuvo que reconocer que ya había ganado aquella partida. Sin embargo, agachó la cabeza y concedió la victoria a su oponente, pues no soportaba que a su Dama se la hubiera comido el caballo.

Cartografía
Cuando completó el mapa de las infidelidades de su esposa se sintió tranquilo, seguro de conocer la verdadera extensión del desencuentro. Y con aquella bitácora de náufrago continuó viviendo: hizo caso omiso a los desplantes, a la prisa, al hartazgo de ella; se habituó a sus razones de semáforo loco, a las migajas, a la ausencia, hasta convertirse en un accidente, en una borrosa señal, en una intrascendente convención en la geografía de la infiel.

Samaritana
¡Ayúdame! —dijo el hombre, acuciado por la asfixia del abandono. La mujer se detuvo, recogió las huellas de su partida, y él sintió que una brisa vital atravesaba su garganta. Pero antes de que pudiera recuperarse, ella sacó de su bolso una navaja y se la clavó en el pecho: Para que respire por la herida, le dijo, y retomó su camino.

Carroñera
Él no tuvo tiempo para un adiós.
Intempestivamente, su mujer, metamorfoseada en un enorme buitre abandonó el lecho, ganó la ventana y se fue para siempre; con las entrañas del hombre en el pico se fundió con el triste cielo rojo del Armagedón.
(Para Manuel Aguirre, que una noche antes la pintó)
                                                                                                           


Carlos Castillo Quintero
Carroñera y otras Ficciones perversas
Burdelianas Poetry

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