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Henri de Toulouse-Lautrec, La Buveuse (La bebedora)
Retrato de Suzane Valadon, 1889
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El Voyage
Comme un lampo di vita...

René Duperé

Observó los rostros distorsionados por el alcohol, y pensó que aquellos hombres, quizá, serían los únicos que en realidad podrían escucharla. Pensó que su trabajo con la compañía de ópera, en el cual había invertido tanto tiempo y constancia, no era otra cosa que el entretenimiento para algunos que percibían en su canto cierto aire de sofisticación. Eso no era lo suyo, su vida necesitaba un leve roce de abismo, una danza entre los opuestos.
El Voyage era propiedad de madame Monique, elegante matrona que fumaba unos largos cigarrillos de grácil envoltura, y festejaba a todo aquel que tenía la fortuna de compartir con ella.
—¿Un café?
Non j´aime le vin.
—Écoutez:
Mon enfant, ma soeur
Songe á la douceur
D´aller la—bas vivre ensemble!
Aimer á loisir
Aimer et mourir!
Al sentir el poema hiriendo los labios de madame Monique, y la expresión cansada de la mesera, Antonia entendió por qué aquella vida podría parecer náufraga. Al igual que ella madame Monique había estudiado en el Conservatorio de Lyon y, habiéndose convertido en una virtuosa del violonchelo, un día abandonó la academia, y envenenada por Baudelaire, pobló de música endemoniada a su chelo que ahora solamente sonaba bajo el estandarte del poeta. La mesera que ya conocía aquellos versos de memoria, le sirvió un merlot y se retiró. La gente en el Voyage, celebraba.
Antonia era soprano en una compañía de ópera desde su regreso al país, hacía diecisiete años. La música ya no era espejismo: le había mirado a los ojos y la había azotado contra el muro. Su voz, cada vez más vieja y usada, amenazaba con convertirse en tragedia.
Bonne nuit, Antonie.
—Bonne nuit, Monique.
—El vino sabe mejor con sangre, ¡le vin du solitaire!
Antonia recibió la copa que le alargaba su amiga, y se sentó. Pensó en Frank y su cobarde vida. Pensó en las cuentas que tendría que pagar. Madame Monique había continuado hablando y sus palabras se perdían con el humo de su cigarro.
Frank... Frank... pensó en el día en que lo vio por primera vez. Recordó sus ojos azules pero no pudo recordar su rostro. Escuchó su voz, aquella que incansablemente repetía su nombre... Antonia, dijo él, y su voz fue un vago recuerdo...
—Antonia, ¿me escuchas?
—Sí, te escucho.
—Mañana, a las ocho. Sé puntual.
—Cantas y después tenemos l´invitation au voyage.
Antonia no supo del todo de qué le estaba hablando madame Monique.
Mientras caminaba de regreso a su casa escuchó voces infantiles que, a lo lejos, repetían una canción de guerra. Las calles le parecieron angostas, el aire enrarecido conjuró la noche y en su mente una mariposa fue devorada por un animal mitad hombre, mitad pájaro. Al llegar, sintió alivio y rabia. Pensó en que no había comprado comida. Recordó (trató de recordar) la invitación madame Monique... l´invitation au voyage. Sonrió.
—Frank, Frank, ¿dónde estás?, ah... ahí estás, ¿qué tal tu día? ¿Por qué no me  respondes? Se me olvidaba que para tus ojos perdidos siempre existe algo más importante... Antes todo era tan distinto. ¿Tienes hambre? ¿Por qué tanto desorden? ¿Estabas esperando a que llegara? ¡Respóndeme, déjame ver tu rostro! Está bien no peleemos, más tarde me encargaré de todo. Sabes, voy a cambiar de trabajo, mandaré a la mierda a la compañía ¡voy a cantar en un burdel!, empiezo mañana.
Entró al baño y se miró al espejo. Estaba vieja y enferma. Ya era tarde para llorar: 46 años, canas, acetaminofén, valium, insomnio, melancolía, miedo. Sobre todo eso: miedo y frustración. El viento helado de la noche le trajo una melodía... Now that the time has come y quien cantaba era una mujer, quizá llena de sueños como ella hace tantos años... Soon gone is the day... There upon some distant shore... You´ll hear me say... su voz era de cristal, muy fina, como la de una maga joven y loca... Long as the day in the summer time deep as the wine—dark sea. Al fondo del espejo una mujer lloró.
Fue al estudio, se sentó al piano y dejó que sus dedos buscaran la música que iría a acompañarla la noche siguiente en el Voyage. Pensó en Lyon, en la sonrisa de madame Monique en aquellos felices años. En definitiva esos eran otros tiempos. De su piano salieron acordes disonantes y las horas se desdibujaron, lentas. Como el vino oscuro es el mar, dijo, recordando la canción, y su voz fue un ave fénix en el cielo pálido de otro amanecer.
—¿Frank? ¿Estás ahí? ¿Todavía estás despierto? Es tan difícil comunicarse contigo, nunca me respondes. ¿Lo disfrutas? Pase toda la noche sin ti. ¿Lo disfrutas?

Llegó a las ocho menos cuarto. En el  escenario del Voyage madame Monique, ofrendaba a los asiduos con su chelo, silenciándolo momentáneamente para cantar, en un francés envidiable, Obsession uno de los poemas de su bardo amado... ¡Car je cherche le vide, et le noir, et le nu!, la voz de la madame fue apenas una sombra en el recuerdo que Antonia conservaba de ella. Sólo un fantasma en su último y definitivo viaje hacia el fondo de la noche, perfecto lugar del vino...
A la hora convenida Antonia cantó. Su voz atravesó el claroscuro del Voyage imponiendo silencio en los asistentes. Su voz fue abismo, desgarramiento. Cada nota hizo parte de un laberinto en donde una bestia gimió acosada por el deseo. Antonia cantó entregada por completo a aquella noche. Cantó y no pensó en Frank, no esta vez. Nunca más volvería a pensar en Frank.
—¿Cómo te sentiste?
—Bien, Monique, bien.
—¿Sabes lo que provocas con tu canto?
—No. No sé... ¿ puedo irme?
—¿Irte?
—Si, estoy cansada.
—Nos vamos juntas... ¿recuerdas... l´invitation au voyage?
L´invitation au voyage.
—Oui.
Por mandato de madame Monique, la mesera de expresión cansada y poco afecta a Baudelaire, les sirvió una botella de merlot cosecha especial. Bebieron, hablaron de Lyon, de la música y sus antiguos anhelos, hablaron del tiempo, ese usurpador, y madame Monique preguntó:
—Antonia... ¿aún te acuerdas de Frank?
—...
—Frank, ¿recuerdas?
—No, Monique. Eso fue hace mucho tiempo.
La noche del Voyage se precipitó en busca del alba. La mesera de expresión cansada hacía rato que había despedido a los últimos clientes. Antes de marcharse les dejó sobre la mesa otra botella del merlot especial. Madame Monique sacó de su seno una bolsa de lino y extrajo un frasco. Sirvió dos generosas copas de vino y vertió el contenido fatal de aquel inesperado recipiente en cada bebida. L´invitation au voyage, dijo. L´invitation au voyage, contestó Antonia. Alzaron las copas, brindaron, bebieron y el vino fue en sus cuerpos cansados como un relámpago de vida.
A la mañana siguiente la mesera de expresión cansada recogió el libro de Baudelaire, lo guardó en su bolso, observó, por última vez los cuerpos rígidos sobre la mesa, y llamó a la policía. Y mientras tanto, muy lejos, en una angosta calle de Lyon, la lluvia repitió sobre el pavimento la cifra triste de un nombre olvidado.

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Tomado del libro: "Pisadas en la niebla / Antología de nuevos cuentistas boyacenses". Común Presencia Editores, Bogotá, 2011 Editor: Gonzalo Márquez Cristo.

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CANELA
(Sogamoso, Boyacá, Colombia)

Canela es el seudónimo de Jakelinne Rico. Egresada del Taller de Escritores de la Universidad Central de Bogotá (TEUC). Estudió Literatura en la Universidad Santo Tomás. Cantante, actriz biodramática y narradora oral. Artista en tránsito multidisciplinar. Su obra alterna entre propuestas formales del uso de la palabra y la acción / experimentación escénica y musical.
Con su poema "Cartografía secreta de Sísifo" obtuvo el Premio del Concurso organizado por la Alianza Francesa de Olavarria, centenario de Albert Camus. 
Coordinó el Taller de narración oral Conjuro para liberar la palabra de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Fue directora, así mismo, del Taller de Literatura de esa misma Universidad. Directora del colectivo Zigurat, narración oral escénica. Voz principal de La sombra del fuego, grupo de investigación en música étnica. Hizo parte del Taller de narrativa “R.H. Moreno Durán”, de la red nacional de talleres literarios - RENATA. 
Su trabajo como narradora y actriz ha sido presentado en festivales internacionales en Ecuador, Perú, Chile, Uruguay, Argentina y Colombia.
Actualmente vive en la ciudad de Olavarría, Argentina, en donde continúa con su trabajo artístico y docente: ha sido Coordinadora de la Escuela Municipal de Teatro. Coordinadora del proyecto de investigación “La danza de la cicatriz” (territorios de intercambio entre cuerpo y palabra). Directora de los laboratorios de experimentación teatral, Poetry Slam y Narración oral escénica. Colaboradora en los proyectos narrativos del Jewish Braille Institute y de la Radio Jai Internacional. Cursa el profesorado de la Federación Argentina de Yoga Integral.   

* * *

PRESENTIMIENTOS Tengo miedo de los amigos perdidos entre el humo y el sueño. Tengo miedo de los labios que dejan en el aire sil...


PRESENTIMIENTOS

Tengo miedo de los amigos
perdidos
entre el humo y el sueño.

Tengo miedo de los labios
que dejan en el aire
silbando el filo de un cuchillo.

Tengo miedo del paisaje
donde ya nadie habita
el desnudo río del recuerdo.

Tengo miedo del minuto
que nos hunde
en la oscura memoria de los sueños.

A María Mercedes Carranza


EL VIAJE

Todos vamos con cuidado desapareciendo.
Estamos aquí,
nos ven y nos saludan,
hasta que un día nadie nos vuelve a ver
y dicen:
“Entró a un monasterio, está en la cárcel,
se casó. Le dieron empleo en Nueva York,
está viviendo en Camerún. Cría conejos.
es zombi en Haití, conspirador, negrero.
dejó el ocio, puso negocio.
Se fue para las selvas del Chocó,
quemó sus libros. Se le vio rezando en Popayán.
adquirió la sífilis, era maldito.”
O por el contrario nadie nos recuerda,
nadie dice nada,
a uno fácilmente los amigos lo olvidan.
Fue tan discreta la fuga, la partida, el viaje,
que sólo los más íntimos preguntan:
¿dónde está ahora?

A Armando Cuervo Romero


DESENCUENTRO

Ya es hora de que pregunte por mí,
que me vaya con los ausentes,
que regrese con la lluvia.

Debo salir pronto a caminar,
pero no encuentro la calle
los escalones de mis piernas.

Sé que debo irme en los trenes,
amarillos del barro,
subirme en el polvo de mi corazón.


MIGUEL HERNÁNDEZ 

Hoy he cargado a Miguel
en mi cabeza,
que está por reventar
como en otro tiempo,
camino de Orihuela.

Hoy he cargado
sus cabras y proezas
sus pantalones
de rudo ruiseñor.

La risa de su barro
que lanza relámpagos
de amor,
por sus ventanas.

Hoy he cargado
su celda todo el día
como hijo futuro de su muerte.


TORTURA

Sólo cuando el recuerdo
es un cuadro en la pared
la silla, el comedor,
la sábana que usaste.
El ladrido de un perro
más allá de la noche
el interminable llanto de un niño,
la tortura del sueño.
Sólo cuando el recuerdo
de tu mirada
es una ciudad que desconozco,
me doy cuenta
que estuvimos cerca un día sin saberlo.


LA PEREZA DE SUFRIR

Se marcharon en tropel
como si fuera preciso
irse tan rápido de este mundo.

Nos dejaron solos
sin a quien llamar a medianoche.

Qué desgracia desaparecer así
sin ton ni son
como si no se pudiera ser feliz.

Fueron malagradecidos
con los padecimientos,
el amor, la yerba, los pájaros
y los soldados.

Ellos se marcharon,
cuando sintieron
la pereza de sufrir.

Se fueron de pronto
con sus maletas
repletas de poemas.

A Guillermo Bustamante y Luis Eduardo Saavedra


ARMANDO OROZCO TOVAR. Bogotá 1943-2017.

Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana donde ganó premios y menciones en poesía. Fue redactor de Radio Habana Cuba. Publicó los poemarios Asumir el Tiempo, Las cosas en su sitio, Eso es todo, En lo alto del instante, Para llamar a las sombras, Visiones, Del sonámbulo imaginado y Radar del azar. Fue director de la Casa de la Cultura de Soacha (Cund). Figura entre los poetas reseñados por Poetry Internacional donde fue traducido al inglés y otros idiomas. Durante veinticinco años dictó clases en diversas universidades de Bogotá y realizó talleres de poesía y cuento en la Casa de Poesía Silva y en la Universidad Externado de Colombia.


Los poemas que aquí se publican fueron tomados del libro "En lo alto del instante", publicado por la Universidad Externado de Colombia en su Colección UN LIBRO POR CENTAVOS.
El PDF de este libro puede descargarse AQUÍ.

Obra de  Max Ernst Oda a la melancolía 1 No vayas al Leteo ni exprimas el morado acónito buscando su vino embriagador; no dej...

Obra de Max Ernst


Oda a la melancolía


1
No vayas al Leteo ni exprimas el morado
acónito buscando su vino embriagador;
no dejes que tu pálida frente sea besada
por la noche, violácea uva de Proserpina.
No hagas tu rosario con los frutos del tejo
ni dejes que polilla o escarabajo sean
tu alma plañidera, ni que el búho nocturno
contemple los misterios de tu honda tristeza.
Pues la sombra a la sombra regresa, somnolienta,
y ahoga la vigilia angustiosa del espíritu.

2
Pero cuando el acceso de atroz melancolía
se cierna repentino, cual nube desde el cielo
que cuida de las flores combadas por el sol
y que la verde colina desdibuja en su lluvia,
enjuga tu tristeza en una rosa temprana
o en el salino arco iris de la ola marina
o en la hermosura esférica de las peonías;
o, si tu amada expresa el motivo de su enfado,
toma firme su mano, deja que en tanto truene
y contempla, constante, sus ojos sin igual.


3
Con la Belleza habita, Belleza que es mortal.
También con la alegría, cuya mano en sus labios
siempre esboza un adiós; y con el placer doliente
que en tanto la abeja liba se torna veneno.
Pues en el mismo templo del Placer, con su velo
tiene su soberano numen Melancolía,
aunque lo pueda ver sólo aquel cuya ansiosa
boca muerde la uva fatal de la alegría.
Esa alma probará su tristísimo poder
y entre sus neblinosos trofeos será expuesta.


Versión de Gabriel Insuasti

Tomado de: http://amediavoz.com/keats.htm
Siga este enlace para leer más de John Keats

AB IMO PECTORE / ANTOLOGÍA PERSONAL (Caza de Libros Editores, 2010) Obra de  Viktor Lyapkalo , ( Rusia,1956)  Poemas de "Sin...

AB IMO PECTORE / ANTOLOGÍA PERSONAL
(Caza de Libros Editores, 2010)
Obra de Viktor Lyapkalo, (Rusia,1956) 

Poemas de "Sin el azul del día"
(Premio CEAB 2007. Editado por Secretaría de Cultura de Boyacá en 2008)

CLASE DE ARTE
Wassily deambula por una Ciudad árabe
con un turbante púrpura va, y en su mochila lleva tubos ocre
que retienen la piel de una tunecina.

El cielo negro se tiende sobre la torre, el faro, y los ojos de Wassily:

La torre se erige (aclara su ascendencia babélica) y se pierde
más arriba de la nube que la ronda como una oveja.

El faro ignora a su sombra que se pliega en los techos.

Y los ojos de Wassily son una línea, un rayo blanco, una yegua
que gime entre conos, círculos, dameros...
           
Wassily salta de tus labios y sale por la ventana,
       cae,
se sienta en una silla (el ceño fruncido) y se pone a dibujar la
Plaza de San Francisco en una libreta roja.

Wassily está triste porque yo no he visto su Ciudad árabe
la fuente en donde se presiente un jardín
el embozado que trama un crimen
el coche con los ojos de la favorita del Sultán
el oro del comerciante del zoco
y la sombra del profeta... Wassily sabe que
sólo he visto tus labios de muñequita que sabe de Wassily.


INSOMNIO
...amor al fin sin alba.
F. García Lorca
 Sobre la cúpula de la Catedral
y los edificios
y los techos bajos
de una ciudad deshabitada,
cae la lluvia:
rendida a la noche baja
se desliza,
dentro de mi cabeza
se mezcla con tu nombre.
Y lluvia y nombre
son una sola melodía
que de mi pecho brota, sube,
rumor de agua
sobre los techos bajos
y los edificios
y la cúpula de la Catedral
de esta ciudad deshabitada
en donde la lluvia cae,
durante toda la noche...

PESADILLA
Quizá antes del alba
tropieces con tu límite
y tus ojos,
náufragos de luz,
abandonen al medroso
animal nocturno
mientras inocente de ti
al otro extremo de la sombra
el mar se rompe.

Quizá
antes que tu cabellera
se precipite
te hagas inalcanzable
para la noche,
y mi mano abierta
se resigne
a la bruma salada
que no sabe de tu nombre.

* * *

Obra de Viktor Lyapkalo, (Rusia,1956) 

Poemas de "Estación nocturna"
(Premio Universidad Metropolitana de Barranquilla 2002 - Inédito)


SAGA DE LOS AMANTES
Para que en inmortales los convierta el cielo mentido.
Jorge Gaitán Durán

I
Se entregan y olvidan
―los amantes―
que ella aguarda.
Mira los cuerpos
y suave los palpa,
por la habitación camina
recoge el desorden de ropas
las modela y sonríe
mientras escucha
promesas de amor eterno,
respira en el  hombro
de los que se aman
y olvidan
que se impacienta
la paciente muerte.


II
Cruzan la noche
guiados por el rastro
de la serpiente.
Deshacen
la falleba de sombra
y franquean el umbral
al paraíso.


III
Las pieles
enardecieron el apetito
de dioses imberbes
que acudieron.
Pero el amor, fortalecido,
les hizo huir
por la noche lluviosa
y sin faros.


IV
Cuando la medianoche
permite que el alba se aproxime.
En su corazón
el amante oye una voz
oscuro presagio
que al amor condena.

Entonces
a pesar del alba
a pesar de la fatiga
busca al amado
a su tibia piel entredormida
y prosigue
la ronda nocturna.


V
El amado
contendor que ignora
el arma que usa,
ve con asombro
el rostro fatal, herido,
del amante que lo mira.

Perdido duelo, irremediable,
el del amado.


VI
Tu cuerpo,
morada segura
hasta el alba.
Final del tedio,
de la fiesta
de duendes.


VII
Allí, en el pecho,
―el olvido―
igual que el amor
habitando lo suyo.
Leal a su conjuro.


VIII
Te vi llorar
no por el amor que moría a tus pies,
no por lo perdido
sino porque ya no quedaba nada
para destruir.


IX
Rosa ebria,
enemigo temible
―este amor―
que me hizo olvidar
tu condición natural
de ave migratoria.


X
En la agonía final
el amante
no siente el último
el único
beso del amado,
pero escucha su llanto
y sonríe,
imperceptible.


XI
Dejándolo tendido,
con el puñal aún en el pecho,
la amada huye bajo la noche lluviosa.

Mezclada con la lluvia
la sangre del amante huye también
va al río
y allí, cuando la amada lava su culpa,
la seduce.


XII
Guerrero inútil
el amante,
mosca postrada
en el ínfimo rastro de leche.


XIII
Acosada
por la nostalgia
una lágrima
anónima
minúscula
rodaba.


XIV
Piel en el lecho,
filo de acero olvidado
―este deseo―
resabio
que de ti me queda.


XV
Mi mano que no sabe quién
que no sabe dónde.
Mi cansada mano
que en la noche llama
a ver
si tu corazón le abre.


XVI
Mi deseo,
toro de lidia que se aleja
sin rastro de sangre en el lomo.


XVII
Reino de sombras,
―tu cuerpo―
donde náufrago de ti,
hallo consuelo.


XVIII
Tu piel,
estrella en fuga
más antigua que mi nostalgia.
Noche que se rompe
contra los acantilados,
ofrenda delicada
a un dios ajeno.

XIX
Navío encallado en mi alma
prepárate a partir
a regresar
cuando el amor sea vida de nuevo.



ESTACION NOCTURNA
Bajo la luz titilante de una estrella moribunda.
T. S. Eliot

1
La noche es una fiera.
Escondido tras los lentes oscuros
quiero evitar el fuego que surten
las faldas de las mujeres,
la del lunar, sonríe, es casi una niña
terrible, voluptuosa
transita por la calle perfumada.
¿A dónde vas?
A ninguna parte.
Y a pesar de la ducha fría,
la carne no olvida.


2
Una morena de senos enormes
juega a lanzar un niño al aire,
una y otra vez,
hasta que no vuelve a bajar.
El hombre vestido de torero, espera,
“No significa nada si no tiene swing”
dice, y el niño sube más y más.


3
Atrás, la iglesia cerrada
donde el sacristán oficia con vino puro
que toma del extraviado
recostado en su lecho.
Pájaro remoto sorprendido por el vacío
cuando aún no rebrotaban
sus alas.


4
Tras la puerta la imagen de un santo llora,
la música atrapa su llanto
y se lo lleva con el resto de sombra.


5
Perder un reino, dejarlo,
cambiar de ritmo,
olvidar tu fotografía en el muro
con un alfiler en el pecho, desnudo,
atravesado como por descuido.


6
Me abandono en la estación nocturna
con una mujer que ríe,
bebe de mi soledad y ya ebria
me muestra una cicatriz en el muslo
recuerdo de un capitán de navío
al que todavía espera...
Se tiende
y sus ojos reflejan la luna roja,
“Venga”, dice 
me dejo tragar por su cuerpo de ballena
y pienso:
Qué más da otro poco de abismo
cuando de ti
nada me queda.

* * *

Obra de Viktor Lyapkalo, (Rusia,1956) 

Poemas de "Rosa fragmentada"
(Ediciones CEMPRED, Cámara de Comercio, Duitama 1985)


ULTERIORES EXPLICACIONES

Te escribo
para dejarte ver que no te vas,
no así de fácil.

Pues no basta
Con recoger la piel y partir,
No es suficiente
Acomodar abismos
Cuando todavía queda el riesgo
De un verso, una palabra que no te deje ir,
Que te ponga en letras de molde
Y no te deje mover
Para que quedes atrapada
En tu desamor.
Una palabra escrita
que quizá pueda más que el amor mismo
que no supo retenerte.
Te escribo, como trampa de ermitaño
Que le pone nombre a cada sombra
Para conversar con la ausencia,
Como con alguien conocido.


UNO

Para merecerte caminé al extremo de luz
Evitando en la piel
Las señales del llanto.

Para tu aroma
Dispuse mi íntimo jardín,
Dejando a la noche
Sin la mirada que seguía su ritmo.

Y me queda la sospecha
De haber aprendido los pasos de tu danza
Y la habilidad en los labios
Para retenerte.

Porque duele tu piel completa en la mía
Y la sangre se detiene
Ante el cristal húmedo
De esta vida que se rompe.


TRES
                        El alma es alumna de la carne.
                                               Margarite Yourcenar
Piel abismo
que permitió la rotura de la rosa.
Besos dejando fuego
en el centro de un amor de hielo.

Distancia mortal
que separó tus muslos
llenándolos de sombra ardiente.
Grito de animal feroz
devorando
la presa que corresponde.


SEIS

Vida que hieres,
deshecha sombra que muere hacia dentro
para conservar en la sangre
el color del rostro amado.

Vida que insistes
en desconocer el abismo.
Corazón fragmentado
pronunciando su nombre.


OCHO

Pero nada más urgente
que este último beso que no se rinde.
La sombra de algo dentro
que hiere por su belleza.

La mano deseando la caricia
tras haber abandonado
el puñal.

Nada tan doloroso
como tu nombre, esperanza
de lo que sé.


NUEVE
Recojo mis fragmentos uno a uno
y prosigo sin cuerpo.
Octavio Paz
Del caos hago inventario
para retener la palabra
que puedas necesitar.

Aún deforme, para ti
guardo un corazón
(agua fresca)
por si le fueras
a necesitar.


DIEZ

Te llamo
y suena mi voz como queja de ausente
en quien ya nadie repara.

Regreso al silencio
y te escucho descalza sobre mi cuerpo,
mientras afuera
la lluvia salta como una niña feliz.


TRECE
(Diciembre 20 de 1994)

Noche oscura
en la que te siento reptar,
en la que duele
tu olor a siempreviva.

Herida que deja caer
su filo mortal y delicado
sobre el rostro
que busca
la imposible sorpresa.

                                  
 CATORCE

Mi carne y mi corazón por tu carne abrazados.
                                            Arthur Rimbaud

Sin la luz necesaria a tus labios
ni el tono de voz que corresponde

Sólo con el lenguaje cifrado de tu cuerpo
que brota del aroma de rosa fragmentada.

Sin certeza alguna,
regresa la ruta de tus manos
sobre mi piel,
y el abismo de aferrarme a tus labios,
mientras llueve por dentro.

* * *
Obra de Viktor Lyapkalo, (Rusia,1956) 

Poemas de "Burdelianas"
(Editorial Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia – UPTC, 1994)

PREÁMBULO

Agreste, licenciosa, pasas la vida
sin pensar si sueñas
o en realidad gozas las formas de tu noche.

Y eres así:
no más imaginarte para huir
y penetrar la rosa que escondes
en la certeza de tu cuerpo

Agreste, licenciosa, te llamas Ifigenia,
te dicen Emilce.
te dejas decir-coger sin desear ni adornar
nada las cosas,
sin recordar, siquiera la condición de tu cuerpo.

Pasas la vida, usando, apenas un poco,
el reverso luminoso de las horas...
  

BURDELIANA III 

Sobre el lecho,
la desnudez soporta el tatuaje
la huella caliente de manos cumplidoras
consumando oscuros compromisos.

Y dentro,
se va presintiendo el torrente
que lo inunda todo... y no deja de ser placentero
sentirse mojado de hombre,
humildemente entregado
a la locura de tomar aquello que no me pertenece.
  

BURDELIANA IV

Es viernes y espero
Quizá vengas por la calidez de mis muslos
Por mi completa sumisión a tus deseos
por lo que pueda venderte, lo que quieras comprar
No he querido nada con nadie, mientras espero
Hoy quiero todo solamente contigo
Desde temprano estuve haciéndome bello para ti
He decorado nuestra luna, y me he puesto tu sabor a vino
en el comienzo de los labios.
Algunas me miran risueñas porque me ven inquieto,
porque presienten que te quiero...
Y sin embargo estoy tranquilo:
No en vano te he estado haciendo mío.

BURDELIANA XII


1
Caballero mío:
En esta ciudad ayer llovió,
de las montañas comenzaron a bajar barquitos de papel
montados sobre la lluvia.

Estuve pendiente por si veía tu bandera de pirata.
Ninguno naufragó
Tuve que reconocer
Que no habían sido construidos por tus manos.


2
Hasta mis gastadas sábanas llegan noticias:
Dime, es cierto ese rumor que se expande en la noche,
que te has ido, que no recuerdas mi nombre ni mis labios,
que ya no juegas con la lluvia...
y que te cortaste la barba.

En esta ciudad ayer llovió, y como siempre
Fui a las montañas y envié barquitos de piel
a tu encuentro:
todos naufragaron sin la bondad de tus lágrimas.

BURDELIANA XIII 

A, Gustav Von Aschenbach
1
Arribaste pronto
Para la agilidad de los ojos y la piel.
Sentí tu enorme presencia poseyéndome,
intimidando mi cuerpo con palabras-sabores-palabras
que me recorrieron hasta hacerme tuyo.
Llegaste cuando apenas comenzaba mi sol interior
y te recibí confundido y noble, como un perro
ante el pan nuevo que le ofrece un nuevo amo.


2
Me gustabas ensimismado sobre la playa de mi cuerpo
y solo,
resueltamente solo en tu corazón.
Y tus labios besaron la apetecida muerte
mientras deshacía en el mar mi cuerpo de rapaz
y penetraba el cercano rumor de las olas.

BURDELIANA XVIII


Cadenas para sentir
Mientras me consumes, ebrio,
Nervioso por la exactitud de los cuerpos.

Cadenas en los labios
Para evitar la torpeza de ofenderme
Por la simplicidad de tu miedo,
tu pudorosa sensación
de que mi cuerpo pueda causarte daño.

BURDELIANA XIX

Salvo mi corazón, todo está bien.
Eduardo Carranza
Vivo noches,
compartiendo con obtusos contendores
sin evitar el rincón oscuro que siempre he temido:
la atrocidad de los cuerpos
deformados por el alcohol o la risa.

Vivo, perteneciendo a quien recoja mis labios
o pague alguna cuenta de las que corresponden
o, simplemente, me sonría de esa forma que sé
y no puedo resistir.
Te repito que vivo,
para que no vayas a pensar,
que este recorrer de calles y de camas,
este esfuerzo por presentarme siempre bello...
para que no vayas a pensar, que esta soledad,
no puede parecerte vida.


* * *
Obra de Viktor Lyapkalo, (Rusia,1956) 

Poemas de "Piel de recuerdo"
(Ediciones Maldoror, Tunja 1989)

I
Primero
Apenas una  hebra de piel
que se estremece
ante la sensación de roce,
de mirada
o de noche compartida...
Dos cuerpos en la calle
y el deseo que llega
¡y atrapa!

Después
solamente la necesidad
de pertenecernos,
de saber los sabores
de cada cuerpo
cada señal...
roces de pieles,
manos aprehenden manos...
Solamente
nuestra mirada
sosteniendo toda la tierra.


II
Los sonidos se recortaron sobre la noche
cayendo de tu boca
para forjar un muro entre nuestros labios.

El instante temeroso dejó caer las palabras
y sobre mis manos
y mis ojos, vi la muerte correr
eco sonoro
de nuestro sueño
que terminó de un solo tajo.


III
Tal vez nuestro amor
No era más
que otro requisito para el olvido.
Sin embargo,
aún siento la rosa de hielo
que se deshizo en nuestras manos.


IV
Seguramente
cuando comencé a recordarte
aún no habías partido.
Tal vez son cosas de la tristeza.
Eso pienso
mientras  te veo tejiendo
un poco más allá de mi soledad.


V
Después de tu partida
comencé a contar el tiempo
en horas de tristeza
y horas de sueño.
Es para decirte
que desde aquella noche
ya no duermo.


VI
Mis pisadas que rondan por la casa
no encuentran la forma de tus huellas
y en silencio regresan a la cama
rendidas de vacío.


VII
Estás ahí,
aquí dentro, insistente
insistente.


VIII
Ocupar una habitación entre dos,
hacer propios los maltratos
de las paredes, la quietud
de los rincones.
Entregar la vida juntos.
En la noche saber encontrar tus ojos
a pesar de la sombra;
conocer también
el espacio de la mano y hallarlo.
sentir la piel, apenas
con la evocación de tu cuerpo,
sin la necesidad del roce.
Es, tal vez por estas cosas...
que no resisto
la forma vacía de tu porción de lecho.


IX
Abrir el rostro casi sincero
para otro día,
rozar las escaleras rumbo a la calle,
a la lluvia tenue sobre el abrigo,
sobre la sonrisa
la de los “buenos días” dichos con
costumbre.
Dejar caer la mañana sobre la tarde,
a la tarde sobre la noche...
rozar las escaleras, en penumbra
tenderse desnudo, arropado con la
soledad del cuarto.
Cerrar el rostro, y otra vez
como siempre
seguir en sueños recordándote.


X
Me entregaste cosas innecesarias
el amor, por ejemplo.
Pero al menos me entendiste
hallaste mi espera
y aquel inmenso vacío
que portaba sobre mi cuerpo
Después partiste.  Yo lo sabía
siempre presentí las alas debajo
de tus hombros.
Vuelve cuando quieras
recoge tu amor
y a éste hombre que también
es tuyo
¡ah! ... se te olvidó la piel
sobre la sábana.


XI
Sabía que terminaría contándotelo
antes del final de la noche.
A pesar de tu silencio,
de la mirada fría que pones
sobre mi rostro.

Además...
sé que te resulta evidente mi tristeza.

Hasta aquí,
casi todo estaba dicho
menos mi odio
que también cabe en tu recuerdo.


XII
Realmente hay cosas extrañas
Yo, por ejemplo.
Estoy aquí... amándote
y no sé por qué.

Sin embargo,
cuando miro un poco más allá
de tu olvido
te encuentro amándome.

¡Ah! tú también estas triste.
Realmente hay cosas extrañas.


XIII
A pesar de todo, siempre
cuando regreso de ti,
deseo más de ti,
así sea otro poco de olvido.

Derechos reservados © Carlos Castillo Quintero